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La iniciativa, financiada con fondos de Educación Superior Regional del Mineduc, considera un plan de trabajo de dos años para el diseño e implementación de un plan para potenciar la transferencia tecnológica basada en innovación.

“Fortalecimiento de las Capacidades Institucionales para la Transferencia del Conocimiento Basada en Innovación de la Universidad Católica del Norte”, UCN2095 es el nombre del proyecto llevado a cabo desde la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo Tecnológico (VRIDT) de la Universidad Católica del Norte (UCN), que busca instaurar un modelo institucional de transferencia tecnológica para la promoción de la innovación y el emprendimiento en procesos formativos y de investigación aplicada de la casa de estudios.

El programa, que se ejecuta gracias a fondos de Educación Superior Regional de Mineduc, considera un trabajo de 24 meses en el que se impulsarán una serie de iniciativas que partirán desde la base de las fortalezas, oportunidades y capacidades actuales de la Universidad disponibles, con el fin de consolidar los avances ya registrados.

Según indica Bárbara Torres Vallejos, Directora (i) de Innovación y Transferencia Tecnológica de la UCN, “a través de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo Tecnológico se han ido desarrollando una serie de iniciativas que nos han permitido potenciar la investigación aplicada, que se han traducido en un aumento de adjudicación de fondos de I+D, patentes concedidas, contratos de I+D con vinculación a la industria nacional e internacional, y licenciamiento de tecnologías desarrolladas en la UCN; así como el destacado trabajo en la promoción del emprendimiento estudiantil impulsado por el Laboratorio de Emprendimiento, USQAI”.

No obstante, añade que a través de este proyecto se incorpora la implementación de acciones que permitan fomentar una cultura de la innovación y emprendimiento al interior de la Universidad e impulsar la transferencia tecnológica, contribuyendo a la tercera misión de la Universidad, para así crear y difundir el conocimiento a través de la docencia, la investigación y la vinculación con el medio.

PLAN DE TRABAJO

El primer objetivo del proyecto considera el diseño e implementación del modelo de Transferencia del Conocimiento de la Universidad Católica del Norte, que incluye la creación del Comité Institucional de Innovación -que ya tuvo su primera sesión y busca liderar el trabajo para la aprobación del modelo e implementación- y análisis de experiencias externas respecto a la implementación de políticas, para la elaboración y aprobación final del Modelo. Asimismo, integra la generación de planes de capacitación y el fortalecimiento del actual sistema informático de información de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo Tecnológico de la UCN (SIVRIDT).

El segundo paso se relaciona con la cultura organizacional de la institución, incluyendo la implementación de acciones de fomento a la I+D+i+e registradas en el modelo, junto con la difusión, divulgación y formación de conocimientos sobre transferencia tecnológica.

Además, destaca la misión de trabajar el emprendimiento desde una perspectiva diferenciadora en la experiencia formativa de los estudiantes de la Universidad.

Sobre este punto, se incorpora una de las actividades más novedosas de este proyecto: la construcción, puesta en marcha e implementación del edificio del Laboratorio de Emprendimiento y Cowork USQAI en el Campus Guayacán, ubicado en Coquimbo. “Esta iniciativa permitirá trabajar con los estudiantes de ambas sedes de manera conjunta, fortaleciendo la cultura emprendedora en toda la Universidad para favorecer las competencias asociadas a esta actividad, así como el emprendimiento de base tecnológica, que es uno de los objetivos de este proyecto”, agrega Nicolás Rojas, director del Laboratorio de Emprendimiento USQAI.

Finalmente, el tercer objetivo persigue robustecer la vinculación con el medio externo, creando un Comité Asesor Externo en el que participen actores del ecosistema de innovación nacional y regional (Antofagasta y Coquimbo), el sector productivo y la comunidad, que permitan consolidar una mirada científico-industrial con el propósito de propender a la transferencia tecnológica de los resultados de ciencia y tecnología que permitan un desarrollo sostenible de la sociedad.

El detalle de las acciones que incorporará el Modelo de Transferencia Tecnológica, irá siendo informado a la Comunidad Universitaria tras el lanzamiento oficial de la iniciativa.

CONSEJO

Una de las actividades que marca un hito en este proyecto es la sesión durante mayo del primer Consejo Institucional de Innovación (CII), que está conformado por Paulina Gutiérrez, de la Vicerrectoría de Sede (Coquimbo) y Claudio Leiva de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Geológicas, en representación de los académicos de la Universidad; Cecilia Demergasso, del Centro de Biotecnología “Profesor Alberto Ruiz” (CBAR); y Fadia Tala, del Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico en Algas y Otros Recursos Biológicos (CIDTA), en representación de los centros de I+D; junto a Moira Negrete, del Consorcio Heuma (Ingeniería 2030), Sebastián Herrera, de la Corporación Centro de Innovación en Economía Circular (CIEC); José Guerra, del Centro Interdisciplinario para la Productividad y Construcción Sustentable (CIPYCS); y Sergio Curilef, del Consorcio Science Up (Ciencia 2030); quienes participan en representación de los proyectos institucionales de innovación de los que forma parte la UCN.

El Consejo es liderado por el Vicerrector de Investigación y Desarrollo Tecnológico, Rodrigo Sfeir; junto a Bárbara Torres, Directora (i) de Innovación y Transferencia Tecnológica (DITT); y Nicolás Rojas, Director del Laboratorio de Emprendimiento USQAI; a quienes se suman Francisca Bornscheuer e Ignacio Moraga; administradora y encargado de Comunicaciones del proyecto.

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Los premios Smart 50, en asociación con Smart Cities Connect, Smart Cities Connect Foundation y US Ignite, distinguen anualmente los proyectos globales de ciudades inteligentes, reconociendo los trabajos más innovadores e influyentes. Esta iniciativa fue la única premiada de América Latina.

Implementar una micro red operativa para la vigilancia espacial (Mapa) ciudadana de calidad del aire en la comuna de Concón, es el objetivo central del recientemente premiado proyecto “Microred de Vigilancia Ciudadana de la Calidad del Aire en la comuna de Concón”, en el que participan académicos y egresados de la Universidad de Santiago de Chile.

“Con ese fin se diseñaron y construyeron equipos electrónicos de bajo costo para el monitoreo de la calidad, es decir material particulado fino (MP2, 5), grueso (MP10), temperatura, humedad, velocidad y dirección del viento”, explicó  el Dr. Ernesto Gramsch, académico del Departamento de Física; como asimismo, se implementó y validó una red de monitoreo para el seguimiento espacial en tiempo real de la calidad del aire; y se desarrolló un sistema web intuitivo para la consulta ciudadana a nivel de barrio de la calidad del aire para computadores y celulares. 

Los proyectos premiados debían representar iniciativas innovadoras con impacto y aplicación a escala municipal actual o futura. Además, deben aclarar su conexión con un socio municipal o municipal similar, como un condado, región, campus, instalación, base o complejo de instalaciones.

Los premios Smart 50 entregaron a 50 proyectos a nivel mundial, reconociendo iniciativas de Canadá, Japón, España, EEUU, Israel, Alemania, Suecia, Bulgaria y Hong Kong, siendo la de nuestra Universidad  la única perteneciente a América Latina.

El proyecto

La iniciativa nace desde la División Comunidades de ENAP Refinerías Concón, ante la preocupación que generaron las diferentes manifestaciones, protestas y hasta presentación de recursos en la justicia en contra de la empresa estatal, debido a la nula comprensión de los vecinos sobre la información que entregaban las estaciones oficiales de calidad del aire, lo que provocó el crecimiento de la desconfianza en cuanto a su veracidad.

Por ello, las autoridades de la Empresa Nacional del Petróleo quisieron acercar la información ambiental a la población, y se les propuso la idea de crear una red de monitoreo que estuviera localizado en la comunidad.

“Es decir, los monitores, el mantenimiento y parte de la operación estaría a cargo de la gente que vivía en el sector, de tal manera que ellos mismo pudieran visualizar cómo se realizaba, cómo salen los datos y qué significado tienen”, aseguró el profesor del Departamento de Física, Ernesto Gramsch.

El académico indicó que este premio es muy significativo porque en el equipo de trabajo participan Cristian Ayala y Cristian López, dos ex egresados del Departamento de Física que en la actualidad cuentan con sus propias empresas y trabajan de forma independiente.

“Ellos son egresados que han mantenido un lazo con la Universidad para postular y trabajar en proyectos en los cuales haya sinergia y podamos apoyarnos mutuamente. Por otro lado, han seguido utilizando el laboratorio de la Usach para las actividades que necesiten”, precisó.

En este sentido, el egresado de nuestra Casa de Estudios, Cristian Ayala, sostuvo que fue un honor participar en este proyecto que involucra a la Universidad de Santiago, al Laboratorio de Óptica y Semiconductores del Departamento de Física y a ENAP, en función de mejorar la entrega y transparencia de la información, oportuna y de calidad, a los distintos vecinos de la comuna de Concón.

“Como usachino siento la fuerte necesidad y ganas de trabajar en proyectos que permitan avanzar hacia una sociedad más justa, informada y empoderada para que sean los ciudadanos quienes verifiquen en el tiempo, si las medidas adoptadas por los organismos son realmente y eficientes en la disminución de la contaminación del aire”, concluyó.

Por Enzo Borroni Ricardi

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El cierre de los observatorios está teniendo un impacto en la astronomía tanto nacional como internacional, ya que Chile concentra la mayoría de los telescopios más avanzados del mundo“.

La Dra. María Argudo-Fernández, astrofísica y profesora del Instituto de Física de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), fue elegida para presidir la Directiva de la Sociedad Chilena de Astronomía (SOCHIAS) para el periodo 2021-2023.

SOCHIAS fue creada en el año 2000 con el propósito de estimular el desarrollo de la astronomía en Chile, y hoy cuenta con más de 340 miembros. Te invitamos a conocer lo que nos comentó María sobre SOCHIAS y su nuevo rol como presidenta de la directiva:

¿Cuál es el papel que juega la SOCHIAS en la astronomía en Chile?

El rol de SOCHIAS ha sido fundamental para el desarrollo y el fortalecimiento de la Astronomía en Chile, así como la divulgación de esta ciencia en la sociedad. A través de reuniones científicas nacionales e internacionales congregamos a cientos de astrónomos y astrónomas profesionales en Chile para presentar y discutir sus resultados más recientes. Con la participación en comités de asignación de tiempo de telescopio en observatorios internacionales instalados en Chile y en comités de fondos para el desarrollo de la astronomía nacional, velamos por los intereses y derechos de la comunidad astronómica en Chile. SOCHIAS además defiende los intereses de la comunidad científica en materias de protección de los cielos oscuros de Chile y en hacer de la comunidad astronómica una comunidad más inclusiva, tanto al interior de la misma comunidad científica como en las actividades de educación y divulgación.

¿Qué impacto ha tenido la emergencia sanitaria para la astronomía chilena?

El cierre de los observatorios está teniendo un impacto en la astronomía tanto nacional como internacional, ya que Chile concentra la mayoría de los telescopios más avanzados del mundo. El cierre de fronteras ha limitado la contratación de investigadores extranjeros o que los jóvenes astrónomos puedan continuar su formación en el exterior y así enriquecer las redes internacionales de colaboración de la comunidad nacional. Además de todas las repercusiones que puede tener el adaptarnos al trabajo desde casa durante una crisis mundial, las dos mencionadas van a tener un gran impacto en el desarrollo de proyectos.

¿Cómo se ha adaptado SOCHIAS ante estos nuevos desafíos?

En las acciones específicas de SOCHIAS, gracias a un acuerdo con la Red Universitaria Nacional (REUNA) estamos realizando nuestras reuniones y asambleas de forma virtual, así como celebramos con éxito la XVI Reunión Científica de SOCHIAS en Diciembre 2020. Un desafío no menor son las actividades de educación y divulgación. Estamos trabajando en la edición 2021 de las Olimpiadas de Astronomía y Astronáutica, coordinadas por SOCHIAS, donde estamos evaluando estrategias para la participación de escolares de todo Chile de forma equitativa considerando la modalidad virtual.

¿Cuáles son tus propuestas para los próximos dos años de SOCHIAS, en los que serás presidenta?

Tal como expresé en mi candidatura a la Directiva, mi motivación y principal aporte ha sido en hacer de la SOCHIAS una sociedad más inclusiva, continuando su apoyo a proyectos inclusivos previamente iniciados en directivas anteriores, como el proyecto Breaking the Silence, transformado ahora en el proyecto Breaking the Barriers, y comenzando otros nuevos. Esto incluye el proyecto Ella es una Astrónoma, para visibilizar a las astrónomas en Chile y promover vocaciones científicas en niñas y mujeres jóvenes, así como la creación del Grupo de Trabajo SOCHIAS en Inclusión y Género, el cual se ha adjudicado recientemente fondos del concurso ALMA-ANID para poder desarrollar sus objetivos y actividades en los próximos dos años. Como astrónoma en regiones, continuaré aportando a las discusiones y decisiones apoyando y promoviendo la descentralización de la astronomía.

Finalmente, ¿algo más que te gustaría agregar?

Solo agradecer la confianza de los astrónomos y astrónomas de la SOCHIAS para que no solo continúe, sino que además presida la sociedad, agradecer a la Directiva saliente por todo lo que he aprendido, y agradecer a los miembros de la nueva Directiva por asumir nuevos compromisos en estos tiempos tan complicados.

Por Sebastián Castro / Periodista IFIS PUCV

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Con el objetivo de seguir trabajando para potenciar capacidades de innovación, emprendimiento y transferencia tecnológica en sus facultades de ciencias, la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), Universidad Católica del Norte (UCN) y Universidad de Santiago de Chile (USACH), abren las convocatorias laborales para sumarse al Consorcio Science Up, enmarcado en el Proyecto Ciencia e Innovación para el 2030.

Revisa las siguientes convocatorias. Al descargar las bases, encontrarás los perfiles, requisitos y protocolos de postulación de cada una de ellas:

CONVOCATORIAS PUCV:

CONVOCATORIAS UCN:

¡Atent@s a nuestras actualizaciones! Pronto abriremos las convocatorias para USACH.

La actividad virtual tuvo como objetivo informar sobre la segunda etapa del Consorcio Science Up, en la que se implementará el plan estratégico diseñado en el primer período, que permitirá a las facultades de ciencias transitar a un desarrollo más conectadas con la sociedad y el sector productivo.

Con una alta audiencia y la participación de representantes de las tres universidades, el pasado jueves 27 de mayo se realizó el lanzamiento virtual de la segunda etapa de Science Up, consorcio integrado por las facultades de ciencias de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), Universidad de Santiago de Chile (USACH) y Universidad Católica del Norte (UCN). 

La actividad, que cuenta con el apoyo de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo de Chile (ANID) y la Corporación de Fomento y la Producción (CORFO), en el marco del Programa Ciencia e Innovación para el 2030, tuvo como objetivo informar sobre la segunda etapa del Consorcio —2021 a 2026—, en la que se implementará el plan estratégico diseñado en el primer período —2018 a 2020—, que permitirá a las facultades de ciencias transitar a un desarrollo más conectadas con la sociedad y el sector productivo.

La instancia fue moderada por el director ejecutivo de Science Up y director de Incubación y Negocios de la PUCV, Etienne Choupay, quien ratificó “el gran compromiso de seguir trabajando en forma conjunta por los próximos seis años en la formación de estudiantes, enfocándonos en cómo podemos contribuir para fomentar capacidades de innovación de vanguardia, investigación aplicada, desarrollo tecnológico, y de qué manera pueden emprender a partir de resultados de investigación”.

El encuentro también contó con la participación de los rectores de las tres universidades. En esa línea, Rodrigo Alda, rector de la Universidad Católica del Norte (UCN), hizo hincapié en el enfoque regional del Consorcio, además de asegurar que “es una iniciativa muy potente para el desarrollo de los territorios y el país. Tenemos que vincularnos con el sector público y privado de manera tal que efectivamente se pueda generar mayor valor desde la ciencia aplicada”. 

En esa misma línea, Juan Manuel Zolezzi, rector de la Universidad de Santiago de Chile (USACH), aseguró que “este proyecto busca avanzar en la modernización de las instituciones, lo que se traduce en nuevos recursos humanos, en específico postdoctorados o académicos y académicas con experiencia en la industria, adecuación de espacios físicos para fomentar la creatividad e innovación de nuestros estudiantes”. 

Del mismo modo, el rector de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Claudio Elórtegui, manifestó su satisfacción de representar a la institución en Science Up asegurando que “son universidades que tienen rasgos comunes en términos de su excelencia académica, sus niveles de investigación y su fuerte compromiso social y de vinculación con la sociedad y los territorios, tanto en las regiones de Valparaíso, Coquimbo, Atacama y Metropolitana. Por lo que este Consorcio va a permitir generar sinergias entre cada una de nuestras casas de estudio”. 

En el encuentro también participó Aisén Etcheverry, directora de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), quien felicitó al Consorcio “por el foco especial que han puesto en el liderazgo de mujeres, ya que la participación de mujeres es clave si queremos una mejor ciencia y una ciencia más justa”.

Finalmente, desde Reino Unido se sumó la decano asociada de la Facultad de Ingeniería y profesora de pedagogía de la innovación y el emprendimiento de la Universidad de Bristol, Kirsten Cater, quien se refirió a su labor como miembro del Consejo Consultivo Internacional de Science Up. “Ante la actual pandemia mundial, se ha destacado la gran importancia y alcance de un proyecto como este. Tengo plena confianza en que este Consorcio podrá cumplir con esta nueva y emocionante estrategia y abordar las demandas críticas para el futuro desarrollo del país”, puntualizó la académica.

De esta forma, las tres universidades que componen Science Up, todas con una fuerte vocación social y regional, continuarán trabajando por los próximos seis años para formar estudiantes altamente competentes en la formación disciplinar de las ciencias con capacidades para desarrollar investigación aplicada, transferencia y desarrollo tecnológico, innovación de vanguardia y emprendimientos de base científica tecnológica.

Si quieres revivir el evento de lanzamiento puedes verlo AQUÍ.

Articulación con el ecosistema nacional e internacional, habilitación de espacios de prototipado, estrategias de difusión y programas que fomenten y apoyen el emprendimiento de base científica tecnológica son algunos de los objetivos de Science Up para vincular a las facultades de ciencias con el entorno.

El avance de la Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (CTCi) es un pilar fundamental para potenciar el desarrollo económico y social de un país, por lo que el Consorcio Science Up trabajará consensuadamente para impulsar la vinculación entre sus facultades de ciencias y los distintos actores que componen el ecosistema nacional. En ese escenario, es fundamental el papel que juega la Transferencia Tecnológica, ya que permite poner en valor las capacidades de investigación de las facultades, al incorporar los resultados al quehacer del país.

Entendemos por Transferencia Tecnológica aquel proceso que permite que el conocimiento tecnológico sea transferido desde una organización a otra, para que esta última lo integre de forma exitosa en sus procesos productivos. Pese a sus beneficios, aún existen diversas brechas y desafíos para seguir impulsando esta estrategia en las universidades.

Por lo mismo, es primordial el trabajo que se realizará desde Science Up para promover capacidades de innovación, emprendimiento y transferencia tecnológica en sus facultades de ciencias.  El diagnóstico interno realizado entre las universidades que ejecutan el Consorcio (PUCV, USACH y UCN), deja en evidencia que las tres casas de estudio disponen de una sólida estructura institucional para fomentar la innovación, como incubadoras, aceleradoras, laboratorios de fomento a la creatividad, oficinas de transferencia tecnológica, entre otras.

En ese sentido, parte del desafío es mejorar la articulación entre dichas unidades y las facultades de ciencias. “Tenemos mucho potencial, gente joven con el entusiasmo de innovar y emprender. Y ahí el rol de las universidades es impulsar los procesos y darles herramientas a los estudiantes. De algún modo, hay que lograr la integración entre los proyectos, tratar de masificarlos y guiar a los alumnos, abriéndoles las puertas y facilitándoles el camino, porque la ruta del emprendimiento o de proyectos científicos-tecnológicas no es simple”, explica Roberto Bastías, doctor en Microbiología, Profesor del Instituto de Biología de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Por lo anterior, el Consorcio generará programas que fomenten y apoyen el emprendimiento de base científica tecnológica, enfocándose en promover y detectar habilidades en los estudiantes de las facultades e impulsar equipos con talento, que sean capaces de desarrollar proyectos de innovación y emprendimiento en base a tecnologías.

Del mismo modo, también se trabajará en la habilitación de espacios y equipamiento que fomenten un encuentro multidisciplinario, físico y virtual, donde se potencie la creatividad y la posibilidad de aplicación de las ideas y proyectos que se generan a propósito de estos espacios colaborativos.

Para Dora Altbir, Premio Nacional de Ciencias Exactas 2019 y académica de la Facultad de Ciencia de la Universidad de Santiago de Chile, este punto es primordial: “Cuando uno habla de innovación tecnológica, tiene que estar en el laboratorio. Por lo que, además de estos espacios de difusión común, ojalá multidisciplinarios dentro de las universidades, tenemos que tener más laboratorios de acceso libre, con buen equipamiento y sistemas de prototipado para que, efectivamente, nuestros alumnos puedan desarrollar sus ideas. A veces, uno tiene proyectos muy interesantes, pero al llevarlos a la práctica, los problemas que se enfrenta son múltiples, y por eso tenemos que ofrecer un espacio para que esas ideas puedan concretarse”, asegura.

 El papel de la comunicación

Science Up también trabajará para vincular a las facultades de ciencias con la comunidad alumni, el sector productivo, la sociedad y la educación básica y técnica. Al mismo tiempo, se potenciarán los esfuerzos por visibilizar el trabajo del Consorcio con stakeholders y se abordarán estrategias para vincular y comunicar a la sociedad civil, el desarrollo científico y tecnológico de las facultades.

Mario Pereira, académico del Departamento de Ciencias Geológicas de la Universidad Católica del Norte, es enfático en ese punto: “La labor de las comunicaciones es fundamental. Las universidades debemos romper todo tipo de cercos para para poder llegar a los distintos grupos de intereses que identifiquemos. En ese escenario, debemos ser muy perseverantes para lograr acercarnos a las comunidades y tenemos que valorar el potencial de las comunicaciones. Hay que dejar de creer que quienes venimos del mundo de las ciencias, o de la ingeniería, estamos en condiciones de enfrentar todas las tareas. Creo que allí los lenguajes, mensajes, modos y herramientas para comunicarnos son esenciales”.

Dora Altbir plantea una idea similar: “La sociedad y las empresas tienen que saber qué es lo que estamos haciendo. Para ello hemos aprendido la importancia del uso del lenguaje adecuado. Como científicos estamos acostumbrados a presentar nuestro trabajo ante audiencias disciplinarias, pero ahora tenemos que ser capaces de llevar esa misma comunicación a un ambiente que no es de expertos. Debemos seguir aprendiendo a desarrollar esta vinculación efectiva con el medio y entregar los conceptos en forma clara, sencilla y comprensible para todos”, puntualiza.

De este modo, y en concordancia con los otros ejes que se trabajarán desde el Consorcio Science Up, será posible articular el ecosistema de emprendimiento e innovación y formar estudiantes altamente calificados que potencien la articulación entre la academia, la sociedad y el sistema productivo en favor del desarrollo socioeconómico de nuestro país.

COLUMNA DE OPINIÓN

“Una lección para los que nos dedicamos a la docencia e investigación, es que si dedicamos parte de nuestro tiempo en fomentar la formación e investigación interdisciplinaria y vinculada con la sociedad podemos impactar positivamente en la ciudadanía”.

Por Felipe Elorrieta, doctor en Estadísticas, profesor asistente en Departamento de Matemáticas de la Universidad de Santiago de Chile.

A un año y medio del inicio de la pandemia de Covid-19 en el mundo, hemos podido ver cómo académicos e investigadores de las más diversas disciplinas se han puesto al servicio del análisis y la comunicación de riesgo sobre el impacto y los efectos del Covid-19.

Sin ir más lejos, aquí en Chile, algunos centros de estudios interdisciplinarios como Espacio Público han participado activamente en la discusión del impacto del Covid-19. De igual manera, otras iniciativas interdisciplinarias han nacido durante esta pandemia. Algunos ejemplos notables son el grupo ICOVID -grupo de académicos con formación en salud pública, epidemiología, matemáticas, estadística e ingeniería y comunicaciones de la Universidad de Chile, Universidad Católica y Universidad de Concepción– o, en menor escala, el Grupo Epidemiológico Matemático de la Universidad de Santiago de Chile, en el que he tenido la oportunidad de colaborar junto a otros académicos y alumnos relacionados a la estadística, medicina, ingeniería y periodismo.

Es claro que la voz principal en la comunicación de riesgo la debe llevar quienes han dedicado su vida académica a la investigación de este virus infeccioso y sus efectos en la población. Sin embargo, creo que es indiscutible el aporte de todas estas iniciativas en la discusión y en la comunicación de riesgo durante la pandemia. El aporte de visiones adicionales a las que generalmente han liderado estas discusiones, ha permitido enriquecer el debate con una comunicación dirigida a la población basada en evidencias sobre el impacto de la pandemia en nuestro país. En este sentido, el aporte de diversos investigadores ha servido como contraparte de las versiones oficiales de las autoridades y ha ejercido una debida presión con el fin de que se tomen medidas pensando en la salud de la población.

En este sentido, una lección para los que nos dedicamos a la docencia e investigación, es que si dedicamos parte de nuestro tiempo en fomentar la formación e investigación interdisciplinaria y vinculada con la sociedad podemos impactar positivamente en la ciudadanía. Lamentablemente, esto no depende solamente de nosotros como investigadores sino que también de los incentivos que se generan para hacer investigación vinculada con la sociedad. En ese sentido mi llamado es que las universidades y la ANID puedan valorar más iniciativas de investigación que permitan llegar con un mensaje claro a la ciudadanía.

En la misma línea, se podría dar más valor a iniciativas de divulgación del conocimiento que tienen un impacto directo en la sociedad, como la que por ejemplo fomenta el programa explora de CONICYT. En esta área hay varias iniciativas que hacen una tarea muy destacada de divulgación científica como, por ejemplo, el Instituto Milenio de Astrofísica (MAS) o el Planetario de la Universidad de Santiago. Todas estas iniciativas han permitido acercar la labor científica a la ciudadanía, pero aún queda mucho trabajo por hacer. Es por esto que es muy valorable que iniciativas en nacimiento como el consorcio Science Up se sumen a la difícil tarea de fomentar la formación interdisciplinaria y la investigación aplicada a la sociedad.

El Consorcio se ha comprometido a trabajar, con estrategias transversales a todos los ejes del proyecto, para incentivar y aumentar la participación femenina en sus facultades de ciencias, tanto en la comunidad universitaria como en roles de liderazgo.

El aumento de la participación y el liderazgo femenino en la ciencia y la tecnología es clave para superar los principales desafíos globales, ya que los equipos diversos en cuanto a género son más productivos, estables y aportan puntos de vista más sostenibles para el desarrollo de las comunidades. Sin embargo, a nivel mundial y nacional, las mujeres siguen subrepresentadas en las carreras denominadas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas).

Según el Reporte de Participación Femenina realizado el año 2018 por la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica de Chile (CONICYT), sólo un 20% de las adjudicaciones del Programa de Investigación Asociativa, en el área de ciencias naturales son lideradas por investigadoras. Desde esa línea, la doctora María Jesús Aguirre, académica de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago de Chile, confirma que esta brecha se visibiliza mucho más en los estudios de postgrado:

“En el pregrado esta brecha prácticamente desaparece, pues ahora, a diferencia de 20 o 30 años antes, el ingreso de mujeres a carreras científicas del área de la química y la biología es cada vez más alto. Sin embargo, las jóvenes científicas que se están iniciando en el campo de la investigación y que su productividad es medida por los papers, aún tienen como desventaja la maternidad, puesto que todavía culturalmente es un asunto femenino, por lo que tienen menos tiempo, autonomía y oportunidades que sus colegas varones para dedicarse tiempo completo a postdoctorados, estadías de investigación y otros aspectos”, asegura la docente.

Por lo mismo, Science Up se ha comprometido a trabajar, con estrategias transversales a todos los ejes del proyecto, para incentivar y aumentar la participación femenina en sus facultades de ciencias, tanto en la comunidad universitaria como en roles de liderazgo. En ese sentido, entre otras iniciativas, se generarán protocolos de contrataciones del personal académico, profesional y funcionario, que incentiven una mayor participación femenina y se generarán espacios que favorezcan la reflexión y la sensibilización acerca de temáticas de género.

En esa misma línea, Joseline Tapia, profesora asociada de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Geológicas de la Universidad Católica del Norte, asegura que es primordial generar protocolos de postnatal, que permitan equiparar la participación de mujeres. “Es fundamental, ya que eso impacta directamente en la productividad de las científicas. En vez de tener criterios de contratación relacionados directamente a la competitividad y a la producción, es necesario considerar otras aristas que son igual de importantes. Quizás las mujeres no publicamos más, pero lo hacemos en revistas de mejor índice, primamos la calidad ante la cantidad, hemos hecho más cátedras o tenemos experiencia en vinculación con el medio. Hay un montón de temas que a veces no se consideran en las contrataciones, por lo que tener un protocolo bien definido va a equiparar las competitividades”.

 Paralelamente, Science Up también trabajará para visibilizar el trabajo de las académicas, investigadores y docentes, por lo que se difundirán permanentemente las contribuciones que han realizado las mujeres en las áreas científicas, de innovación y emprendimiento.

 “Es necesario llevar científicas a los colegios para demostrar que las mujeres sí hacen ciencia y lideran proyectos. La visualización es una de las estrategias más potentes. La brecha de género viene desde la niñez, cuando los niños y niñas están en el colegio ya existe una diferencia y predisposición inequitativa, por lo que es importante que los profesores y profesoras les demuestran a las niñas que ellas también pueden y que en la ciencia participan hombres y mujeres”, opina María Argudo, profesora asociada del Instituto de Física de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y presidenta de la Sociedad Chilena de Astronomía.

Por su parte, Paola Arias, profesora asociada del Departamento de Física de la Universidad de Santiago de Chile considera que, para disminuir la brecha, es necesario que los hombres también se comprometan: “Una cosa es realizar talleres con enfoque de género, pero otra muy diferente es que los hombres participen. Por ello, hay que motivarlos para que se interesen en conocer realidades y derribar mitos”. Asimismo, también destaca la labor de las iniciativas de mentoring: “es necesario incluir mujeres que ya han roto esta brecha, que son emprendedoras o académicas exitosas para que acompañen a otras mujeres en el proceso y no se sientan perdidas y tengan alguien a quien recurrir en caso de encontrar dificultades en el camino”, puntualiza.

De esta manera, Science Up seguirá impulsando capacidades de innovación, emprendimiento y transferencia tecnológica, motivando la participación femenina en sus facultades de ciencias de manera transversal, incorporando enfoque de género en la docencia, desarrollando proyectos de I+D+i+e encabezados por mujeres y vinculando a científicas líderes con stakeholders y el entorno socioeconómico.

A través de la armonización curricular, el Consorcio Science Up busca impulsar el espíritu emprendedor e innovador en las facultades de ciencias para potenciar la transferencia tecnológica y fortalecer la articulación entre la academia y el sector productivo para el desarrollo del país.

El emprendimiento y la innovación son herramientas clave para la activación económica y la generación de empleo. De acuerdo al informe Radar Pyme de Red Capital realizado en 2019, en Chile existen más de 900 mil empresas, de las cuales 220 mil son pymes y unas 680 mil, microempresas. Por otro lado, la innovación se ha transformado en el motor que impulsa la transformación y el crecimiento, ya que permite aprovechar los recursos para obtener mayores beneficios de manera sostenible.

Por lo mismo, uno de los principales objetivos de Science Up es motivar el espíritu emprendedor e innovador de las y los alumnos/as, académicos/as e investigadores de las facultades de ciencias. Para lograr este y otros desafíos, se trabajará en conjunto para armonizar las mallas curriculares de pre y postgrado, lo que permitirá impulsar y fortalecer las capacidades desde la formación académica.

En esa línea, se busca desarrollar nuevas metodologías pedagógicas y distintas convocatorias que impulsen proyectos de innovación docente que, luego, puedan ser implementados, a nivel piloto, en las aulas. Asimismo, también se llevarán a cabo programas de capacitación docente en metodologías de aprendizaje activo para la innovación educativa en carreras científicas, lo que permitirá modernizar los procesos formativos.

Waldo Quiroz, director del Programa de Magíster en Didáctica de las Ciencias Experimentales de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, considera que la transversalización de las mallas es primordial para lograr este desafío: “Es muy beneficioso cuando los estudiantes tienen la opción de tomar asignaturas interdisciplinarias, ya que es importante tener experiencias formativas en diversas áreas, como economía e innovación. Por lo mismo, es primordial realizar, primero, una alfabetización económica. En general, en Chile somos analfabetos económicamente, muchas personas no saben cómo funciona el sistema y desconocen, por ejemplo, que inversión más innovación genera crecimiento. De allí la importancia de la interdisciplinariedad en las mallas curriculares”.

Carol Joglar, profesora asociada del Departamento de Biología de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago de Chile, complementa esta postura, asegurando que es necesario contar con equipos que sean multidisciplinarios. “Son claves las asignaturas transversales, no adscritas a un departamento, facultad o universidad en específico que, además, sean dictadas por equipos multidisciplinares, en los que participen profesionales e investigadores y que, en conjunto, aborden la resolución de problemas legítimos, desde estudios de casos, provenientes de la comunidad, empresas, escuelas, etc.”.

Del mismo modo, Science Up también se enfocará en la implementación de un modelo de trabajo consorciado entre las casas de estudio. “El trabajo en conjunto entre las tres universidades permite compartir distintas experiencias y necesidades de regiones que son completamente distintas: Valparaíso, Coquimbo, Antofagasta y Santiago. Por ello, la oportunidad de realizar tesis o investigaciones en conjunto puede ser muy beneficioso para los estudiantes de postgrado y para potenciar la vinculación entre las universidades y el sector productivo de zonas diferentes, atender a sus necesidades y potenciar la transferencia tecnológica”, asegura Rodrigo Castillo, profesor asociado, director del Magíster en Ciencias con Mención en Química de la Universidad Católica del Norte.

Finalmente, y entre otras acciones, también se busca potenciar la colaboración internacional para el desarrollo de los estudiantes. Para Galina García, Vicedecana de Docencia de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Santiago de Chile, es fundamental “potenciar el inglés a través de las mallas, pero también de los contenidos. Es decir, aumentar la bibliografía en inglés, incentivar a que los alumnos vean videos educativos en ese idioma y llevar a cabo una serie de capacitaciones con un enfoque más científico, que les permita entender artículos que tienen un lenguaje más específico y que los estudiantes sepan qué está pasando en otros países”, concluye.

De esta forma, a través de la armonización curricular, el Consorcio Science Up podrá impulsar el espíritu emprendedor e innovador en las aulas, para potenciar la transferencia tecnológica y fortalecer la articulación y vinculación entre la academia y el sector productivo para el desarrollo del país.

“Para realizar innovación se requiere de científicos con una mirada amplia, que vayan más allá de los papers, con capacidad de conexión con el ámbito privado de manera de resolver problemas reales. Esto requiere profesionales con empatía, capacidad de liderazgo y sobre todo con una capacidad de estar en constante búsqueda de mejoras”.

Por Leda Guzmán Maluenda, Ph. D en Bioquímica y Biología Molecular, académica Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Suena casi un cliché decir que Chile debe dar un salto sustantivo en el desarrollo tecnológico e industrial para ganar el tiempo perdido en la diversificación de su economía. Durante los siglos XIX y mitad del siglo XX, hubo en nuestro país una floreciente industria manufacturera en el rubro textil. En el año 1965, la actividad industrial representó un 18 % de nuestra economía, donde el sector textil tuvo la capacidad de abastecer un 97 % de las necesidades internas. Otro ejemplo relevante fue el desarrollo de las industrias automotriz y electrónica hace 50 años aproximadamente. Lamentablemente, dichas industrias no lograron mantener su competitividad frente a productos importados provenientes del mercado asiático, lo cual llevó a que estas industrias agonizaran hasta su muerte.

Aunque es posible especular que la pérdida de competitividad en dichos casos pudo ser afectada por factores políticos, con la perspectiva del tiempo es posible señalar qué carencias en innovación fueron las verdaderas causas detrás de dicha decadencia en nuestra industria.

Pero ¿qué entendemos por innovación? Innovación es la capacidad de generar un proceso, producto o servicio nuevo o mejorado, que resuelva un problema o una necesidad. En ese sentido, debe señalarse que la necesidad no sólo puede provenir del cliente, sino que también puede tener su origen en la empresa misma; por ejemplo, la industria chilena de los años 70 decayó por ser incapaz de innovar en sistemas de producción, en el desarrollo de productos y en la expansión de su mercado.

A pesar de que nuestro país tiene la capacidad de hacer desarrollos tecnológicos mayores, sigue siendo esencialmente un exportador de commodities, principalmente cobre, con poca innovación aplicada para aumentar el valor agregado a sus productos y hacer más competitivos los procesos de fabricación. 

Situaciones extremas como la actual pandemia de Covid-19 pueden golpear fuertemente a economías basadas en commodities. Esta debilidad genera muchas incertezas para el desarrollo del país; fortalecer mediante la innovación y el desarrollo industrial nuestro país debe ser tomado como un desafío prioritario para las nuevas generaciones de científicos. Un reto particularmente interesante es el desarrollo y fabricación de vacunas en nuestro país; la presente pandemia ha revelado cuán necesario y estratégico es contar con infraestructura y capital humano para enfrentar este desafío. Aunque es cierto que concretar el sueño de desarrollar una industria de vacunas nos llevará muchos años, es un desafío innovador que debe ser enfrentado desde ahora para no depender eternamente de soluciones importadas.

Este reto no le cabe solo al estado (el cual debe brindar las condiciones adecuadas), sino que, al mundo privado empresarial y obviamente a la universidades, las cuales deben tomar una posición de liderazgo no sólo en la formación de profesionales, sino que también en la acumulación de conocimiento y creación de tecnología que impacte en el desarrollo económico.

En relación al rol del Estado, durante la última década se ha impulsado la innovación a través de CORFO mediante una serie de fondos concursables e incentivos tributarios a las empresas para que desarrollen I +D+ i. Por otro lado, a través de CONICYT se ha promovido la contratación de personal altamente calificado en la empresa privada. Dichos programas han encontrado acogida en una serie de empresas, permitiendo poco a poco expandir el desarrollo tecnológico a nivel de la industria nacional.

Curiosamente, la participación de científicos en dicho desarrollo tecnológico parece ser uno de los eslabones débiles; la participación de científicos en emprendimientos destinados a generar valor y nuevos productos es menos amplia que lo aparente. Para realizar innovación se requiere de científicos con una mirada amplia, que vaya más allá de los papers, con capacidad de conexión con el ámbito privado de manera de resolver problemas reales. Esto requiere profesionales con empatía, capacidad de liderazgo y sobre todo con una capacidad de estar en constante búsqueda de mejoras. En mi visión, se requiere de profesionales con una mentalidad equivalente a la de un montañista, escala y escala hasta llegar a la cima sabiendo los riesgos, los costos y la necesidad permanente de contar con planes alternativos para lograr el objetivo; en eso consiste el espíritu emprendedor, el cual se ve reflejado en empresas que surgieron a partir del sueño de algunos visionarios.

Yo diría que una década atrás, para quienes nos gusta movernos en este ámbito de I+D+ i+ e, era una lucha constante el obtener fondos para implementar esas ideas visionarias. Te sientes que hablas otro idioma o que estás en otro planeta. Tus pares te miran como un bicho raro, te dicen por qué no postulas a fondos tipo Fondecyt, que esos son los únicos fondos para un científico, pero si miras fuera de Chile, la conexión entre Ciencia e Industria es abismante y es una de las razones por qué son países desarrollados, por qué se apoyan entre ellos, son interdisciplinarios. Todavía existe, por un lado, una desinformación sobre el desarrollo de algunas empresas en Chile y el rol de algunos científicos que tienen otra manera de hacer ciencia. 

A pesar de todo, la innovación llegó para quedarse y ha puesto a las universidades en ese camino, es decir, tener un rol más activo y, por lo tanto, apoyar esa nueva ciencia que quiere ser parte del desarrollo económico del país, esa ciencia que desde lo básico apunta a resolver un problema particular o de la sociedad; por lo tanto, es una ciencia que se debe conectar con el mercado, justamente para darle un valor agregado a un producto y dejar de vender comodities

Hoy se pueden hacer reales aportes en el ámbito de la agricultura, la cosmética, el laboratorio clínico y un sinnúmero de rubros; me alegro y veo con buenos ojos que ANID sintonice con el rol de la ciencia y su papel en la innovación. Pero en esta materia hay mucho por hacer y para ello es necesario ser visionario y arriesgarse a llegar a la cima de la montaña.