Articulación con el ecosistema nacional e internacional, habilitación de espacios de prototipado, estrategias de difusión y programas que fomenten y apoyen el emprendimiento de base científica tecnológica son algunos de los objetivos de Science Up para vincular a las facultades de ciencias con el entorno.
El avance de la Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (CTCi) es un pilar fundamental para potenciar el desarrollo económico y social de un país, por lo que el Consorcio Science Up trabajará consensuadamente para impulsar la vinculación entre sus facultades de ciencias y los distintos actores que componen el ecosistema nacional. En ese escenario, es fundamental el papel que juega la Transferencia Tecnológica, ya que permite poner en valor las capacidades de investigación de las facultades, al incorporar los resultados al quehacer del país.
Entendemos por Transferencia Tecnológica aquel proceso que permite que el conocimiento tecnológico sea transferido desde una organización a otra, para que esta última lo integre de forma exitosa en sus procesos productivos. Pese a sus beneficios, aún existen diversas brechas y desafíos para seguir impulsando esta estrategia en las universidades.
Por lo mismo, es primordial el trabajo que se realizará desde Science Up para promover capacidades de innovación, emprendimiento y transferencia tecnológica en sus facultades de ciencias. El diagnóstico interno realizado entre las universidades que ejecutan el Consorcio (PUCV, USACH y UCN), deja en evidencia que las tres casas de estudio disponen de una sólida estructura institucional para fomentar la innovación, como incubadoras, aceleradoras, laboratorios de fomento a la creatividad, oficinas de transferencia tecnológica, entre otras.
En ese sentido, parte del desafío es mejorar la articulación entre dichas unidades y las facultades de ciencias. “Tenemos mucho potencial, gente joven con el entusiasmo de innovar y emprender. Y ahí el rol de las universidades es impulsar los procesos y darles herramientas a los estudiantes. De algún modo, hay que lograr la integración entre los proyectos, tratar de masificarlos y guiar a los alumnos, abriéndoles las puertas y facilitándoles el camino, porque la ruta del emprendimiento o de proyectos científicos-tecnológicas no es simple”, explica Roberto Bastías, doctor en Microbiología, Profesor del Instituto de Biología de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
Por lo anterior, el Consorcio generará programas que fomenten y apoyen el emprendimiento de base científica tecnológica, enfocándose en promover y detectar habilidades en los estudiantes de las facultades e impulsar equipos con talento, que sean capaces de desarrollar proyectos de innovación y emprendimiento en base a tecnologías.
Del mismo modo, también se trabajará en la habilitación de espacios y equipamiento que fomenten un encuentro multidisciplinario, físico y virtual, donde se potencie la creatividad y la posibilidad de aplicación de las ideas y proyectos que se generan a propósito de estos espacios colaborativos.
Para Dora Altbir, Premio Nacional de Ciencias Exactas 2019 y académica de la Facultad de Ciencia de la Universidad de Santiago de Chile, este punto es primordial: “Cuando uno habla de innovación tecnológica, tiene que estar en el laboratorio. Por lo que, además de estos espacios de difusión común, ojalá multidisciplinarios dentro de las universidades, tenemos que tener más laboratorios de acceso libre, con buen equipamiento y sistemas de prototipado para que, efectivamente, nuestros alumnos puedan desarrollar sus ideas. A veces, uno tiene proyectos muy interesantes, pero al llevarlos a la práctica, los problemas que se enfrenta son múltiples, y por eso tenemos que ofrecer un espacio para que esas ideas puedan concretarse”, asegura.
El papel de la comunicación
Science Up también trabajará para vincular a las facultades de ciencias con la comunidad alumni, el sector productivo, la sociedad y la educación básica y técnica. Al mismo tiempo, se potenciarán los esfuerzos por visibilizar el trabajo del Consorcio con stakeholders y se abordarán estrategias para vincular y comunicar a la sociedad civil, el desarrollo científico y tecnológico de las facultades.
Mario Pereira, académico del Departamento de Ciencias Geológicas de la Universidad Católica del Norte, es enfático en ese punto: “La labor de las comunicaciones es fundamental. Las universidades debemos romper todo tipo de cercos para para poder llegar a los distintos grupos de intereses que identifiquemos. En ese escenario, debemos ser muy perseverantes para lograr acercarnos a las comunidades y tenemos que valorar el potencial de las comunicaciones. Hay que dejar de creer que quienes venimos del mundo de las ciencias, o de la ingeniería, estamos en condiciones de enfrentar todas las tareas. Creo que allí los lenguajes, mensajes, modos y herramientas para comunicarnos son esenciales”.
Dora Altbir plantea una idea similar: “La sociedad y las empresas tienen que saber qué es lo que estamos haciendo. Para ello hemos aprendido la importancia del uso del lenguaje adecuado. Como científicos estamos acostumbrados a presentar nuestro trabajo ante audiencias disciplinarias, pero ahora tenemos que ser capaces de llevar esa misma comunicación a un ambiente que no es de expertos. Debemos seguir aprendiendo a desarrollar esta vinculación efectiva con el medio y entregar los conceptos en forma clara, sencilla y comprensible para todos”, puntualiza.
De este modo, y en concordancia con los otros ejes que se trabajarán desde el Consorcio Science Up, será posible articular el ecosistema de emprendimiento e innovación y formar estudiantes altamente calificados que potencien la articulación entre la academia, la sociedad y el sistema productivo en favor del desarrollo socioeconómico de nuestro país.
COLUMNA DE OPINIÓN
“Una lección para los que nos dedicamos a la docencia e investigación, es que si dedicamos parte de nuestro tiempo en fomentar la formación e investigación interdisciplinaria y vinculada con la sociedad podemos impactar positivamente en la ciudadanía”.
Por Felipe Elorrieta, doctor en Estadísticas, profesor asistente en Departamento de Matemáticas de la Universidad de Santiago de Chile.
A un año y medio del inicio de la pandemia de Covid-19 en el mundo, hemos podido ver cómo académicos e investigadores de las más diversas disciplinas se han puesto al servicio del análisis y la comunicación de riesgo sobre el impacto y los efectos del Covid-19.
Sin ir más lejos, aquí en Chile, algunos centros de estudios interdisciplinarios como Espacio Público han participado activamente en la discusión del impacto del Covid-19. De igual manera, otras iniciativas interdisciplinarias han nacido durante esta pandemia. Algunos ejemplos notables son el grupo ICOVID -grupo de académicos con formación en salud pública, epidemiología, matemáticas, estadística e ingeniería y comunicaciones de la Universidad de Chile, Universidad Católica y Universidad de Concepción– o, en menor escala, el Grupo Epidemiológico Matemático de la Universidad de Santiago de Chile, en el que he tenido la oportunidad de colaborar junto a otros académicos y alumnos relacionados a la estadística, medicina, ingeniería y periodismo.
Es claro que la voz principal en la comunicación de riesgo la debe llevar quienes han dedicado su vida académica a la investigación de este virus infeccioso y sus efectos en la población. Sin embargo, creo que es indiscutible el aporte de todas estas iniciativas en la discusión y en la comunicación de riesgo durante la pandemia. El aporte de visiones adicionales a las que generalmente han liderado estas discusiones, ha permitido enriquecer el debate con una comunicación dirigida a la población basada en evidencias sobre el impacto de la pandemia en nuestro país. En este sentido, el aporte de diversos investigadores ha servido como contraparte de las versiones oficiales de las autoridades y ha ejercido una debida presión con el fin de que se tomen medidas pensando en la salud de la población.
En este sentido, una lección para los que nos dedicamos a la docencia e investigación, es que si dedicamos parte de nuestro tiempo en fomentar la formación e investigación interdisciplinaria y vinculada con la sociedad podemos impactar positivamente en la ciudadanía. Lamentablemente, esto no depende solamente de nosotros como investigadores sino que también de los incentivos que se generan para hacer investigación vinculada con la sociedad. En ese sentido mi llamado es que las universidades y la ANID puedan valorar más iniciativas de investigación que permitan llegar con un mensaje claro a la ciudadanía.
En la misma línea, se podría dar más valor a iniciativas de divulgación del conocimiento que tienen un impacto directo en la sociedad, como la que por ejemplo fomenta el programa explora de CONICYT. En esta área hay varias iniciativas que hacen una tarea muy destacada de divulgación científica como, por ejemplo, el Instituto Milenio de Astrofísica (MAS) o el Planetario de la Universidad de Santiago. Todas estas iniciativas han permitido acercar la labor científica a la ciudadanía, pero aún queda mucho trabajo por hacer. Es por esto que es muy valorable que iniciativas en nacimiento como el consorcio Science Up se sumen a la difícil tarea de fomentar la formación interdisciplinaria y la investigación aplicada a la sociedad.
El Consorcio se ha comprometido a trabajar, con estrategias transversales a todos los ejes del proyecto, para incentivar y aumentar la participación femenina en sus facultades de ciencias, tanto en la comunidad universitaria como en roles de liderazgo.
El aumento de la participación y el liderazgo femenino en la ciencia y la tecnología es clave para superar los principales desafíos globales, ya que los equipos diversos en cuanto a género son más productivos, estables y aportan puntos de vista más sostenibles para el desarrollo de las comunidades. Sin embargo, a nivel mundial y nacional, las mujeres siguen subrepresentadas en las carreras denominadas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas).
Según el Reporte de Participación Femenina realizado el año 2018 por la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica de Chile (CONICYT), sólo un 20% de las adjudicaciones del Programa de Investigación Asociativa, en el área de ciencias naturales son lideradas por investigadoras. Desde esa línea, la doctora María Jesús Aguirre, académica de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago de Chile, confirma que esta brecha se visibiliza mucho más en los estudios de postgrado:
“En el pregrado esta brecha prácticamente desaparece, pues ahora, a diferencia de 20 o 30 años antes, el ingreso de mujeres a carreras científicas del área de la química y la biología es cada vez más alto. Sin embargo, las jóvenes científicas que se están iniciando en el campo de la investigación y que su productividad es medida por los papers, aún tienen como desventaja la maternidad, puesto que todavía culturalmente es un asunto femenino, por lo que tienen menos tiempo, autonomía y oportunidades que sus colegas varones para dedicarse tiempo completo a postdoctorados, estadías de investigación y otros aspectos”, asegura la docente.
Por lo mismo, Science Up se ha comprometido a trabajar, con estrategias transversales a todos los ejes del proyecto, para incentivar y aumentar la participación femenina en sus facultades de ciencias, tanto en la comunidad universitaria como en roles de liderazgo. En ese sentido, entre otras iniciativas, se generarán protocolos de contrataciones del personal académico, profesional y funcionario, que incentiven una mayor participación femenina y se generarán espacios que favorezcan la reflexión y la sensibilización acerca de temáticas de género.
En esa misma línea, Joseline Tapia, profesora asociada de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Geológicas de la Universidad Católica del Norte, asegura que es primordial generar protocolos de postnatal, que permitan equiparar la participación de mujeres. “Es fundamental, ya que eso impacta directamente en la productividad de las científicas. En vez de tener criterios de contratación relacionados directamente a la competitividad y a la producción, es necesario considerar otras aristas que son igual de importantes. Quizás las mujeres no publicamos más, pero lo hacemos en revistas de mejor índice, primamos la calidad ante la cantidad, hemos hecho más cátedras o tenemos experiencia en vinculación con el medio. Hay un montón de temas que a veces no se consideran en las contrataciones, por lo que tener un protocolo bien definido va a equiparar las competitividades”.
Paralelamente, Science Up también trabajará para visibilizar el trabajo de las académicas, investigadores y docentes, por lo que se difundirán permanentemente las contribuciones que han realizado las mujeres en las áreas científicas, de innovación y emprendimiento.
“Es necesario llevar científicas a los colegios para demostrar que las mujeres sí hacen ciencia y lideran proyectos. La visualización es una de las estrategias más potentes. La brecha de género viene desde la niñez, cuando los niños y niñas están en el colegio ya existe una diferencia y predisposición inequitativa, por lo que es importante que los profesores y profesoras les demuestran a las niñas que ellas también pueden y que en la ciencia participan hombres y mujeres”, opina María Argudo, profesora asociada del Instituto de Física de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y presidenta de la Sociedad Chilena de Astronomía.
Por su parte, Paola Arias, profesora asociada del Departamento de Física de la Universidad de Santiago de Chile considera que, para disminuir la brecha, es necesario que los hombres también se comprometan: “Una cosa es realizar talleres con enfoque de género, pero otra muy diferente es que los hombres participen. Por ello, hay que motivarlos para que se interesen en conocer realidades y derribar mitos”. Asimismo, también destaca la labor de las iniciativas de mentoring: “es necesario incluir mujeres que ya han roto esta brecha, que son emprendedoras o académicas exitosas para que acompañen a otras mujeres en el proceso y no se sientan perdidas y tengan alguien a quien recurrir en caso de encontrar dificultades en el camino”, puntualiza.
De esta manera, Science Up seguirá impulsando capacidades de innovación, emprendimiento y transferencia tecnológica, motivando la participación femenina en sus facultades de ciencias de manera transversal, incorporando enfoque de género en la docencia, desarrollando proyectos de I+D+i+e encabezados por mujeres y vinculando a científicas líderes con stakeholders y el entorno socioeconómico.
A través de la armonización curricular, el Consorcio Science Up busca impulsar el espíritu emprendedor e innovador en las facultades de ciencias para potenciar la transferencia tecnológica y fortalecer la articulación entre la academia y el sector productivo para el desarrollo del país.
El emprendimiento y la innovación son herramientas clave para la activación económica y la generación de empleo. De acuerdo al informe Radar Pyme de Red Capital realizado en 2019, en Chile existen más de 900 mil empresas, de las cuales 220 mil son pymes y unas 680 mil, microempresas. Por otro lado, la innovación se ha transformado en el motor que impulsa la transformación y el crecimiento, ya que permite aprovechar los recursos para obtener mayores beneficios de manera sostenible.
Por lo mismo, uno de los principales objetivos de Science Up es motivar el espíritu emprendedor e innovador de las y los alumnos/as, académicos/as e investigadores de las facultades de ciencias. Para lograr este y otros desafíos, se trabajará en conjunto para armonizar las mallas curriculares de pre y postgrado, lo que permitirá impulsar y fortalecer las capacidades desde la formación académica.
En esa línea, se busca desarrollar nuevas metodologías pedagógicas y distintas convocatorias que impulsen proyectos de innovación docente que, luego, puedan ser implementados, a nivel piloto, en las aulas. Asimismo, también se llevarán a cabo programas de capacitación docente en metodologías de aprendizaje activo para la innovación educativa en carreras científicas, lo que permitirá modernizar los procesos formativos.
Waldo Quiroz, director del Programa de Magíster en Didáctica de las Ciencias Experimentales de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, considera que la transversalización de las mallas es primordial para lograr este desafío: “Es muy beneficioso cuando los estudiantes tienen la opción de tomar asignaturas interdisciplinarias, ya que es importante tener experiencias formativas en diversas áreas, como economía e innovación. Por lo mismo, es primordial realizar, primero, una alfabetización económica. En general, en Chile somos analfabetos económicamente, muchas personas no saben cómo funciona el sistema y desconocen, por ejemplo, que inversión más innovación genera crecimiento. De allí la importancia de la interdisciplinariedad en las mallas curriculares”.
Carol Joglar, profesora asociada del Departamento de Biología de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago de Chile, complementa esta postura, asegurando que es necesario contar con equipos que sean multidisciplinarios. “Son claves las asignaturas transversales, no adscritas a un departamento, facultad o universidad en específico que, además, sean dictadas por equipos multidisciplinares, en los que participen profesionales e investigadores y que, en conjunto, aborden la resolución de problemas legítimos, desde estudios de casos, provenientes de la comunidad, empresas, escuelas, etc.”.
Del mismo modo, Science Up también se enfocará en la implementación de un modelo de trabajo consorciado entre las casas de estudio. “El trabajo en conjunto entre las tres universidades permite compartir distintas experiencias y necesidades de regiones que son completamente distintas: Valparaíso, Coquimbo, Antofagasta y Santiago. Por ello, la oportunidad de realizar tesis o investigaciones en conjunto puede ser muy beneficioso para los estudiantes de postgrado y para potenciar la vinculación entre las universidades y el sector productivo de zonas diferentes, atender a sus necesidades y potenciar la transferencia tecnológica”, asegura Rodrigo Castillo, profesor asociado, director del Magíster en Ciencias con Mención en Química de la Universidad Católica del Norte.
Finalmente, y entre otras acciones, también se busca potenciar la colaboración internacional para el desarrollo de los estudiantes. Para Galina García, Vicedecana de Docencia de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Santiago de Chile, es fundamental “potenciar el inglés a través de las mallas, pero también de los contenidos. Es decir, aumentar la bibliografía en inglés, incentivar a que los alumnos vean videos educativos en ese idioma y llevar a cabo una serie de capacitaciones con un enfoque más científico, que les permita entender artículos que tienen un lenguaje más específico y que los estudiantes sepan qué está pasando en otros países”, concluye.
De esta forma, a través de la armonización curricular, el Consorcio Science Up podrá impulsar el espíritu emprendedor e innovador en las aulas, para potenciar la transferencia tecnológica y fortalecer la articulación y vinculación entre la academia y el sector productivo para el desarrollo del país.
“Para realizar innovación se requiere de científicos con una mirada amplia, que vayan más allá de los papers, con capacidad de conexión con el ámbito privado de manera de resolver problemas reales. Esto requiere profesionales con empatía, capacidad de liderazgo y sobre todo con una capacidad de estar en constante búsqueda de mejoras”.
Por Leda Guzmán Maluenda, Ph. D en Bioquímica y Biología Molecular, académica Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
Suena casi un cliché decir que Chile debe dar un salto sustantivo en el desarrollo tecnológico e industrial para ganar el tiempo perdido en la diversificación de su economía. Durante los siglos XIX y mitad del siglo XX, hubo en nuestro país una floreciente industria manufacturera en el rubro textil. En el año 1965, la actividad industrial representó un 18 % de nuestra economía, donde el sector textil tuvo la capacidad de abastecer un 97 % de las necesidades internas. Otro ejemplo relevante fue el desarrollo de las industrias automotriz y electrónica hace 50 años aproximadamente. Lamentablemente, dichas industrias no lograron mantener su competitividad frente a productos importados provenientes del mercado asiático, lo cual llevó a que estas industrias agonizaran hasta su muerte.
Aunque es posible especular que la pérdida de competitividad en dichos casos pudo ser afectada por factores políticos, con la perspectiva del tiempo es posible señalar qué carencias en innovación fueron las verdaderas causas detrás de dicha decadencia en nuestra industria.
Pero ¿qué entendemos por innovación? Innovación es la capacidad de generar un proceso, producto o servicio nuevo o mejorado, que resuelva un problema o una necesidad. En ese sentido, debe señalarse que la necesidad no sólo puede provenir del cliente, sino que también puede tener su origen en la empresa misma; por ejemplo, la industria chilena de los años 70 decayó por ser incapaz de innovar en sistemas de producción, en el desarrollo de productos y en la expansión de su mercado.
A pesar de que nuestro país tiene la capacidad de hacer desarrollos tecnológicos mayores, sigue siendo esencialmente un exportador de commodities, principalmente cobre, con poca innovación aplicada para aumentar el valor agregado a sus productos y hacer más competitivos los procesos de fabricación.
Situaciones extremas como la actual pandemia de Covid-19 pueden golpear fuertemente a economías basadas en commodities. Esta debilidad genera muchas incertezas para el desarrollo del país; fortalecer mediante la innovación y el desarrollo industrial nuestro país debe ser tomado como un desafío prioritario para las nuevas generaciones de científicos. Un reto particularmente interesante es el desarrollo y fabricación de vacunas en nuestro país; la presente pandemia ha revelado cuán necesario y estratégico es contar con infraestructura y capital humano para enfrentar este desafío. Aunque es cierto que concretar el sueño de desarrollar una industria de vacunas nos llevará muchos años, es un desafío innovador que debe ser enfrentado desde ahora para no depender eternamente de soluciones importadas.
Este reto no le cabe solo al estado (el cual debe brindar las condiciones adecuadas), sino que, al mundo privado empresarial y obviamente a la universidades, las cuales deben tomar una posición de liderazgo no sólo en la formación de profesionales, sino que también en la acumulación de conocimiento y creación de tecnología que impacte en el desarrollo económico.
En relación al rol del Estado, durante la última década se ha impulsado la innovación a través de CORFO mediante una serie de fondos concursables e incentivos tributarios a las empresas para que desarrollen I +D+ i. Por otro lado, a través de CONICYT se ha promovido la contratación de personal altamente calificado en la empresa privada. Dichos programas han encontrado acogida en una serie de empresas, permitiendo poco a poco expandir el desarrollo tecnológico a nivel de la industria nacional.
Curiosamente, la participación de científicos en dicho desarrollo tecnológico parece ser uno de los eslabones débiles; la participación de científicos en emprendimientos destinados a generar valor y nuevos productos es menos amplia que lo aparente. Para realizar innovación se requiere de científicos con una mirada amplia, que vaya más allá de los papers, con capacidad de conexión con el ámbito privado de manera de resolver problemas reales. Esto requiere profesionales con empatía, capacidad de liderazgo y sobre todo con una capacidad de estar en constante búsqueda de mejoras. En mi visión, se requiere de profesionales con una mentalidad equivalente a la de un montañista, escala y escala hasta llegar a la cima sabiendo los riesgos, los costos y la necesidad permanente de contar con planes alternativos para lograr el objetivo; en eso consiste el espíritu emprendedor, el cual se ve reflejado en empresas que surgieron a partir del sueño de algunos visionarios.
Yo diría que una década atrás, para quienes nos gusta movernos en este ámbito de I+D+ i+ e, era una lucha constante el obtener fondos para implementar esas ideas visionarias. Te sientes que hablas otro idioma o que estás en otro planeta. Tus pares te miran como un bicho raro, te dicen por qué no postulas a fondos tipo Fondecyt, que esos son los únicos fondos para un científico, pero si miras fuera de Chile, la conexión entre Ciencia e Industria es abismante y es una de las razones por qué son países desarrollados, por qué se apoyan entre ellos, son interdisciplinarios. Todavía existe, por un lado, una desinformación sobre el desarrollo de algunas empresas en Chile y el rol de algunos científicos que tienen otra manera de hacer ciencia.
A pesar de todo, la innovación llegó para quedarse y ha puesto a las universidades en ese camino, es decir, tener un rol más activo y, por lo tanto, apoyar esa nueva ciencia que quiere ser parte del desarrollo económico del país, esa ciencia que desde lo básico apunta a resolver un problema particular o de la sociedad; por lo tanto, es una ciencia que se debe conectar con el mercado, justamente para darle un valor agregado a un producto y dejar de vender comodities.
Hoy se pueden hacer reales aportes en el ámbito de la agricultura, la cosmética, el laboratorio clínico y un sinnúmero de rubros; me alegro y veo con buenos ojos que ANID sintonice con el rol de la ciencia y su papel en la innovación. Pero en esta materia hay mucho por hacer y para ello es necesario ser visionario y arriesgarse a llegar a la cima de la montaña.
“La aplicación de teoremas fundamentales a estos sistemas, sugiere que las ciencias básicas, su conocimiento y dominio, se tornan tan relevante en la formación de nuevos profesionales de las ciencias, que se deban ajustar las mallas curriculares de carreras científicas, para que científicos actualizados, junto con trabajar en el propio desarrollo de las ciencias”.
Por Sergio Curilef, Doctor en Ciencias Físicas, Profesor Titular en Universidad Católica del Norte.
La llegada de la revolución digital, la inteligencia artificial y otros desarrollos e innovaciones, han hecho que las ciencias básicas, como la física, cobren gran relevancia por su carácter fundamental. El incremento de la capacidad de cálculo y la generación masiva de información y análisis, han sacado a la luz todo el potencial de la física estadística al momento de entender los fundamentos de la toma de decisiones basado en datos. Así, la investigación asociada a la ciencia de datos, aprendizaje de máquinas y sus aplicaciones en la optimización de tareas, junto con la física y las ciencias básicas, converjan.
Decisiones tomadas por los gobiernos respecto a liberar restricciones durante la pandemia del COVID-19 o decisiones relacionadas con las subvenciones, a pesar de variaciones inesperadas en la economía; o en casos más cotidianos como decidir qué ruta tomar sugeridas por aplicaciones que analizan la información y optimizan tiempo, costo, entre otros factores, todo eso esto se hace en base a modelos estadísticos y herramientas de análisis de datos, que dejan en evidencia la importancia de automatizar estas tareas, desnudando la necesidad de contar con fundamentos teóricos suficientes y evaluaciones objetivas de las limitaciones de los modelos usados.
Por otra parte, la dinámica microscópica de los sistemas físicos es reversible en el tiempo, pero la dinámica macroscópica no comparte esta simetría. Por ejemplo, se puede adivinar si una película de un proceso macroscópico se reproduce en el orden correcto o en orden invertido. Esta asimetría en el flujo de eventos se explica a través de la segunda ley de la termodinámica. La física estadística ha ampliado la comprensión de este problema al régimen microscópico, donde las fluctuaciones impiden discernir la dirección del orden de los acontecimientos.
En cambio, la probabilidad de que se muestre una película en el orden cronológico correcto está determinada por la energía disipada durante el proceso que viene de distribuciones o configuraciones que se tornan más probables según un teorema de fluctuación fundamental en la física estadística moderna fuera del equilibrio. El reciente éxito de las aplicaciones del orden de los eventos en el tiempo dentro del marco de la mecánica estadística fuera del equilibrio, demuestra que una máquina puede aprender a decidir el orden de los eventos a partir de datos microscópicos con precisión a través de la termodinámica subyacente, identificando el trabajo disipado como la cantidad relevante y estableciendo correctamente su relación con el orden de los eventos en el tiempo.
La aplicación de teoremas fundamentales a estos sistemas, sugiere que las ciencias básicas, su conocimiento y dominio, se tornan tan relevante en la formación de nuevos profesionales de las ciencias, que se deban ajustar las mallas curriculares de carreras científicas, para que científicos actualizados, junto con trabajar en el propio desarrollo de las ciencias, puedan asumir otros desafíos, muchos más abrangentes en un mundo digitalizado y exigente. El aporte del proyecto “Science Up” es justamente, entre otros, proponer estas ajustes de mallas, apuntando a formar científicos que contribuyen a la sociedad en su conjunto con alto nivel académico que aporten a la generación de nuevo conocimiento, para aplicaciones en el sector productivo, como minería, energía, sector financiero, entre otras, y resolver ciertas problemáticas que sólo modernos científicos podrán enfrentar.
El Consorcio Science Up integrado por las universidades PUCV-USACH-UCN, implementará el plan estratégico diseñado en la primera etapa 2018-2020, que permitirá a las Facultades de Ciencias transitar a un desarrollo más conectadas con la sociedad y el sector productivo. Para ello, se pondrá especial atención a las comunidades en que cada una de estas universidades se encuentran inmersas (Antofagasta, Coquimbo, Valparaíso y Santiago).
Las tres universidades, todas con una fuerte vocación social y regional, se han propuesto como objetivo general para esta segunda etapa formar estudiantes altamente competentes en la formación disciplinar de las ciencias con capacidades para desarrollar investigación aplicada, transferencia y desarrollo tecnológico, innovación de vanguardia y emprendimientos de base científica tecnológica. Fruto de la sinergia generada en la primera etapa del proyecto, las tres universidades buscarán además posicionar el Consorcio Science Up a nivel nacional e internacional.
El proyecto plantea objetivos específicos en tres ámbitos fundamentales a implementar en su plan estratégico:
– Armonización curricular: Diseñar e implementar cambios curriculares y extracurriculares en programas de formación de estudiantes de pre y postgrado de las Facultades de Ciencia del Consorcio Science Up. Esto con un particular énfasis en el desarrollo de competencias de I+D+i y emprendimientos de base científico tecnológico.
– Vinculación con el entorno socioeconómico: Consolidar la vinculación de las tres universidades con la sociedad civil y organizaciones del sector productivo público y privado nacional e internacional.
– Liderazgo y participación femenina: Aumentar y fomentar la participación y el liderazgo de las mujeres en la docencia, proyectos de investigación, transferencia tecnológica, innovación y emprendimientos de base científico tecnológico, al interior de las Facultades de Ciencia.
Cabe mencionar que para el buen desarrollo de este trabajo se contará con un Consejo Consultivo Internacional, compuesto por destacadas profesionales del ámbito de la innovación, emprendimiento y transferencia tecnológica de las Universidades de Pittsburgh y Carnegie Mellon de Estados Unidos, y de la Universidad de Bristol de Reino Unido, quienes aportarán no solo desde la perspectiva de sus competencias, sino también desde la experiencia en la construcción y diseño de estrategias que permitan, en todo momento, fomentar la participación y liderazgo femenino al interior de las Facultades de Ciencia. Asimismo, las universidades conscientes que el desarrollo de la ciencia y la tecnología no solo tiene un impacto a nivel económico, si no que también pueden influir y mejorar la calidad de vida de los habitantes, incluirán en su trabajo actores clave que faciliten una vinculación bidireccional permanente con el medio productivo.
Para Joel Saavedra, Vicerrector de Investigación y Estudios Avanzados, “el Consorcio Science Up nos permite dar una mirada renovada a la formación de los científicos, de aquellos que desarrollan ciencia básica, y buscar cómo, a través de la innovación, la transferencia tecnológica, y de los futuros emprendimientos, podemos acercar los desarrollos científicos a la sociedad. De esta manera se puede ir en directo beneficio de las personas, de los más necesitados, de lo que realmente requiere el mundo de la ciencia, es decir, una transferencia tecnológica que permita avanzar en un futuro pleno, que no nos coloque en las incertidumbres como hoy día tenemos en la pandemia”.
En este contexto, para Saavedra, “uno de los ejemplos claros en los últimos tiempos de la importancia de las ciencias y sus derivados es exactamente la pandemia. Esta pandemia muestra que la forma de combatir los distintos desafíos y/o amenazas que tenemos en el mundo viene de la mano de la ciencia. Y en particular este proyecto nos permite pensar de una manera distinta cómo establecer un trabajo interdisciplinario y transformar la formación de los científicos de manera que puedan adquirir herramientas más allá de las ciencias. De esta manera podrán involucrarse con científicos de otras carreras y disciplinas, muchas veces tan distintas a las ciencias, pero que en conjunto son capaces de resolver problemáticas mayores”.
La cuarta revolución industrial representa para las universidades del Consorcio Science Up, volver a pensar y modernizar los procesos de enseñanza, con metodologías de aprendizaje activo para la innovación educativa en carreras científicas, además de contar con programas e infraestructura que permitan la promoción del pensamiento crítico. Por ende, el trabajo que se desarrollará también debe ser acompañado por cambios culturales que permitan disminuir las brechas en términos de las desigualdades de género en el ámbito profesional y en las propias disciplinas y trabajar mancomunadamente con el sector productivo en la resolución de problemáticas a partir de proyectos de investigación aplicada desarrollados tanto por estudiantes como académicos.
Fuente: https://www.pucv.cl/uuaa/ciencias/noticias/consorcio-science-up-formado-por-las-universidades-pucv-usach-ucn-se
Un encuentro para dar cierre formal a la primera etapa del proyecto Consorcio Ciencia 2030, -en el que participan la Universidad Católica del Norte (UCN), la Universidad de Santiago de Chile (USACH) y la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV)-, se lleva a cabo esta semana en el campus Guayacán de la UCN, con participación de vicerrectores, docentes y funcionarios vinculados a la iniciativa, quienes ratificaron su intención de colaborar estrechamente y contribuir con el desarrollo de las capacidades de emprendimiento e innovación en el área científica a nivel nacional.
La propuesta, financiada por la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), comenzó en 2018 con giras tecnológicas por Estados Unidos y Europa, lo que permitió hacer una comparativa internacional, y en paralelo desarrollar el plan estratégico, que sería implementado entre el 2020 y 2025 (segunda etapa del proyecto).
En términos generales, el proyecto apunta a generar capacidades en el área de pre y postgrado para el desarrollo de iniciativas de innovación, emprendimiento y transferencia tecnológica de base científica.
De esta forma, las tres universidades esperan aportar en torno a las problemáticas surgidas de un diagnóstico realizado por CORFO, el Ministerio de Educación y el Ministerio de Economía, Fomento y Turismo, donde fueron visualizados los bajos niveles de transferencia tecnológica de las facultades de ciencias existentes en Chile.
María Cecilia Hernández, Vicerrectora de Investigación y Desarrollo Tecnológico de la UCN, considera que el Consorcio es una gran oportunidad de trabajo asociativo. “(…) Estamos finalizando nuestra primera etapa y de hecho los informes que hemos recibido por parte de CORFO nos tienen muy contentos, porque no tenemos ni siquiera observaciones, por eso estamos bastante optimistas respecto de los resultados que pudiéramos llegar a alcanzar al postular a la segunda etapa”, acotó.
Por su parte Julio Romero, Vicerrector de Investigación Desarrollo e Innovación de la USACH, explicó que el nuevo objetivo será elaborar un proyecto que incorpore los aspectos de innovación y emprendimiento en las carreras de ciencia.
“Justamente este taller es un esfuerzo mancomunado después de haber realizado giras tecnológicas a Estados Unidos y a Europa para poder consensuar acá las experiencias, y ejecutar un proyecto con un esquema coherente de trabajo que haga llegar estas nuevas capacidades a todos los estudiantes de las carreras de ciencia, contribuya con la generación de conocimiento y luego trasferir ese mismo conocimiento hacia la industria y sociedad”, dijo
En la misma línea se expresó Joel Saavedra, Vicerrector de Investigación y Estudios Avanzados de la PUCV, quien comentó que la aspiración más grande de las tres universidades que participan en el proyecto es trabajar en conjunto por el desarrollo del país.
“Chile necesita más que nunca la incorporación de las capacidades científicas al mundo productivo. O sea, si nosotros queremos avanzar en lo que se llama sociedad del conocimiento, necesitamos colocar todas las capacidades y esfuerzos que han desarrollado las distintas universidades en beneficio del país”, apuntó.
Finalmente señaló que es fundamental impulsar una nueva cultura de innovación y emprendimiento entre los estudiantes de ciencia, “carreras que, por definición, son más bien conservadoras”, reconoció. “Queremos que ellos sepan el aporte que pueden realizar al país y en particular a los sectores más vulnerables de la sociedad”, subrayó Joel Saavedra.
Fuente: https://www.noticias.ucn.cl/noticias/academia/consorcio-ciencia-2030-la-alianza-de-tres-universidades-por-el-desarrollo-del-pais/