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Dra. Karen Manquián Cerda: “A pesar de los desafíos que impone la sociedad, han demostrado que la calidad no está en cuestión, pero tenemos que avanzar”

Entre la investigación en suelos y la formación de nuevas generaciones, la especialista en recursos naturales reflexiona sobre los prejuicios que aún persisten y la necesidad de visibilizar a más referentes para motivar más vocaciones científicas desde la diversidad.

Desde su formación como Química, la Dra. Karen Manquián Cerda ha estudiado los suelos, buscando comprender las diversas interacciones que ocurren en ellos. Hoy indaga cómo las nanopartículas naturales (NNPs) y artificiales de la industria y la agricultura (ENPs) modifican la disponibilidad de metales pesados y nutrientes. Su objetivo: transformar ese conocimiento en soluciones que mejoren los procesos y la calidad de vida.

Su interés por la ciencia se fue armando de a poco. De niña, la curiosidad la llevó primero a la matemática, luego a la física y, finalmente, a la química, donde encontró algo que le hizo sentido: una conexión más directa entre el conocimiento y su aplicación en problemas concretos.

Luego de hacer su doctorado en Ciencias de Recursos Naturales en la Universidad de La Frontera, volvió a la Universidad de Santiago de Chile en donde estudió su pregrado. Ahí se integró al Laboratorio de Suelos y Medioambiente, de la Facultad de Química y Biología, donde comenzó a estudiar el impacto de la interacción de las NNPs y ENPs en el ambiente, desarrollando actualmente tecnologías de nanorremediación.

Actualmente es académica asistente y jefa de la carrera de Técnico Universitario en Análisis Químico y Físico, desafío al cual sumó en 2024 la coordinación del Eje de Liderazgo y Participación Femenina del Consorcio Science Up.

¿En qué momento surge la docente y en qué minuto la científica? En un encuentro en los pasillos con estudiantes, demuestra que, para una académica o un académico, muchas veces son roles que se viven al unísono. ¿Pero es igual cuando se habla de maternidad o paternidad?

“Mientras me formé como científica e investigando, nunca percibí barreras. Es cuando hablamos de esto y miramos con atención que vemos las problemáticas, porque todo está muy normalizado. Desde el cómo debe ser una mujer, una científica, una madre”, reflexiona.

Desde su análisis, que las nuevas generaciones estén más empoderadas ha permitido romper con algunos estereotipos. Un contraste con lo que recuerda hace unas décadas, donde los prejuicios no solo estaban presentes, sino muchas veces legitimados.

“Para algunos, cómo era ser mujer científica tenía límites que imponía el género, por ejemplo, tener hijos, donde decían abiertamente que debería dejar de investigar y dedicarse a cuidar a los niños”, recuerda.

Opiniones que se decían abiertamente, donde incluso cómo se veía una científica quedaba en cuestión. Un ambiente en el que lo femenino era rechazado, visto como una señal de falta de capacidad. Algo que hoy en día ayuda a entender la raíz misma de la falta de visibilidad de las referentes, a pesar de que ya en esa época había una mayor presencia de mujeres en su área, reflexiona.

“Esos comentarios que antes se decían abiertamente hoy la sociedad ya no los acepta, aunque aún falta mucho. Por eso son tan importantes las referentes, para mostrar que no hay una única manera de ser científica, que no tienen que elegir entre la ciencia y tener familia; y que esas dificultades que muchas veces se viven en silencio otras ya las atravesaron. Porque, a pesar de los desafíos que impone la sociedad, han demostrado que la calidad no está en cuestión, pero tenemos que avanzar”, finaliza.